domingo, 1 de diciembre de 2013

PINOCHOMBIE por Pablo Fernández
Ilustrado por …



Había una vez un viejo carpintero llamado Geppetto que, como cada día, se levantaba a trabajar temprano. Ese día había decidido trabajar en un muñeco de madera de pino. Cuando lo terminó, le quedó tan real que parecía un niño de verdad, entonces decidió llamarlo Pinocho. Tanto deseaba que Pinocho se convirtiera en un niño de verdad que, esa noche, apareció un hada. Pero el hada no era un hada buena, normal y corriente como todos esperaban, si no que era un hada que odiaba el mundo de los humanos, y quería a toda costa acabar con todos. El hada le dio vida a Pinocho, pero lo convirtió en un cuerpo andante, sin pensamiento, sin sentimientos, sin vida….
     Geppetto se levantó al día siguiente, y cuando fue al taller vio, caminando sin rumbo fijo por el mismo, un cuerpo muy parecido al muñeco que él había hecho el día anterior. Cuando miró en el lugar donde había dejado el muñeco vio que no estaba y entonces lo comprendió, ¡aquel cuerpo era Pinocho! Geppetto se acercó lentamente al cuerpo e intentó llamar su atención, pero Pinocho vagaba sin rumbo, con los ojos fijos en un punto que parecía estar a miles de kilómetros de allí, sus articulaciones no respondían correctamente, sino que iba cojeando y no movía los brazos. Estaba muerto, ¡pero como era posible! Pinocho no era más que un simple muñeco de madera sin vida que no podía andar, ¡ni mucho menos estar muerto! Geppetto no entendía nada, así que decidió llamar su atención lanzándole una gruesa barra de metal que usaba como herramienta. Cuando ésta alcanzó su cabeza, Pinocho miró para él, pero sus ojos le atravesaban y parecían estar mirando algo mucho más allá. De repente, y sin previo aviso, Pinocho se abalanzó sobre su creador, dándole un mordisco en el brazo que hizo que Geppetto cayera al suelo. Éste se empezó a marear y se desmayó. Se levantó horas más tarde, Pinocho no estaba y la puerta del taller estaba abierta. Geppetto se encontraba mal, muy mareado, y notaba un fuerte sabor a sangre en la boca. Cuando fue al baño, lo que vio le dejó sin palabras. Tenía la boca llena de sangre, un color de piel más pálido de lo normal, y no sentía ningún músculo de la cara. De pronto un fuerte dolor empezó a recorrerle la espalda, poco a poco el dolor se fue propagando por todo el cuerpo, su cara se deformó, sus ojos se oscurecieron, perdiéndose su mirada igual que la había perdido Pinocho. Ya estaba, era un muerto andante, ya no tenía pensamientos, ni sentimientos, ni era capaz de razonar, todo se había acabado. El Geppetto “zombie” salió por la puerta del taller, con sed de sangre.
     Horas más tarde, la vista que se podía presenciar de la ciudad era horrible. Nada era ya lo que era antes. Las casas estaban vacías, y las pocas en las que había gente, éstos estaban atemorizados y sin atreverse a salir de sus casas. El caos estaba repartido por toda la ciudad. Miles y miles de cuerpos vagaban sin rumbo por las calles, igual que había hecho Pinocho por el taller de Geppetto. Todos tenían la misma mirada, los mismos gestos, el mismo aspecto. Las autoridades habían caído también, no habían tenido nada que hacer, al fin y al cabo no se puede luchar contra algo que ya está muerto. El 99% de la población estaba igual, pues los muertos andantes poco habían tardado en propagarse por el resto del mundo, llegando hasta los lugares más recónditos de la tierra; y el 1% atemorizados y escondidos, en sus casas o en refugios, poco durarán sin comida y agua; todo por culpa de un hada que no quería más humanos a la vista, y todo por culpa de un humilde carpintero, que hizo un muñeco porque se sentía demasiado sólo, y él mismo acabó pagando, el primero además, lo que supondría su trabajo para el resto de la humanidad, el fin de todo lo conocido, el fin de un trabajo de millones de años, el final del ser humano.

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