domingo, 15 de diciembre de 2013

LA TORTUGA Y LA LIEBRE por Sonia Hevia
Ilustrado por Daniel García


L a carrera iba a comenzar. La tortuga estaba muy segura de que ganaría, ya que llevaba unas ruedas que le propulsarían a la meta antes que a nadie. Por otra parte, la liebre estaba muy preocupada, conocía a la tortuga y no era de fiar. Quedaba poco para que sonara el silbato, así que se pusieron detrás de la línea e intentaron concentrarse.
La tortuga, a los 2 o 3 segundos de oír el silbato le dio al botón que ponía en marcha sus nuevas ruedas. Salió disparada, pero se puso a pensar que no era justo, que hacer trampa estaba mal y que, al final, le acabarían pillando, así que se quito las ruedas lo más rápido que pudo y empezó a correr. De repente, pasó por su lado corriendo a toda velocidad la liebre que, por naturaleza, siempre sería más rápida que ella. Pasaron 3 minutos y, aunque la tortuga estaba todavía a mitad de camino, la liebre ya había ganado la carrera. Extrañamente, la tortuga sonrío y pensó que había hecho lo correcto. No había ganado, pero se sintió satisfecho consigo misma.

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