É rase una vez una vez, una niña de 16 años llamada Nori. Nori es una niña no muy alta, de pelo largo y aparentemente de menor edad. Un sábado, igual que todos los fines de semana, se preparaba para salir con amigas de noche. Su madre le dijo que, si venía tarde, viniera acompañada en todo momento ya que ,a su edad, podría ser peligroso ir sola a esas horas por la calle. Pero Nori se fue antes que sus amigas y no hizo caso de su madre.
De camino a casa le paró un hombre. Tenía unos 20 años. Llevaba unos vaqueros y una camisa que a Nori le dio a entender que venía de otra fiesta. Empezaron a hablar y la niña le dio tal vez demasiados datos. Cuando siguió su camino, 4 chicos la siguieron y, antes de que se diera cuenta, se vio en un coche. No pudo saber quiénes eran ya que iban con ropa negra y la cara cubierta, pero pudo distinguir que estaba el chico de antes. La encerraron en una habitación y le preguntaron el número de su madre para pedir un rescate y liberarla. Nori se lo dio pero fue más lista que ellos. Encontró un viejo teléfono roto que parecía no funcionar, probó a cruzar varios cables entre sí el tiempo suficiente como para realizar una llamada. Le explicó su situación a la mujer que le cogió el teléfono y ésta llamó a la policía. Gracias a la localización de su teléfono móvil en la casa en la que estaba secuestrada, la policía intervino enseguida. Nori logró escapar antes que la policía la identificara por lo que llegó a casa y comprobó que su madre no sabía nada.




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