E n un pueblo de montaña, había una vez una chica. Casi nadie sabía su nombre, pero todos la llamaban Caperucita rosa porque siempre iba vestida con una capucha rosa.
Un día su madre le mandó que fuera a llevarle polvorones a su abuela porque era Navidad, y ella cogió su capucha rosa y salió de casa con la cesta de polvorones un poco asustada porque, para llegar a la casa de su abuela, había que cruzar El Bosque. Este no era un bosque cualquiera ya que todo el que entraba en él no volvía a aparecer por el pueblo. Se decía que en su interior había un lobo que secuestraba a todas las personas que entraban en él y que podía transformarse en cualquier cosa.
Cuando Caperucita se adentró en El Bosque, empezó a escuchar unos sonidos extraños y empezó a correr. De pronto, le pareció ver una luz al fondo entre los árboles y siguió corriendo hacia ella, pero por mucho que avanzaba la luz no se acercaba. Tras horas intentando salir de El Bosque se encontró un lobo que avanzó hacia ella con intención de comérsela. Ella, asustada, intentó retroceder, y al hacerlo se le cayó la cesta que llevaba. El lobo saltó hacia ella, y Caperucita cerró los ojos, pero, tras unos segundos sin sentir nada, los abrió y vio que el lobo estaba comiéndose los polvorones. Este la miró a los ojos y un extraño brillo rojo apareció en ellos. Segundos después el animal echó a correr con la cesta de polvorones y una voz sonó en la cabeza de la niña: < Esta vez has tenido suerte, pero sólo porque me gustan los dulces> dijo la voz. . Caperucita siguió andando sin rumbo y, al poco tiempo, apareció la salida de El Bosque ante ella. Cuando llegó a la casa de su abuela ésta le dijo que no pasaba nada por lo de la cesta porque lo único que ella quería era ver a su nieta. Una vez dicho esto se miraron a los ojos con cariño, y Caperucita creyó ver, por un segundo, en los ojos de su abuela un extraño brillo rojizo...



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