P inueve era una gran persona, mejor dicho un gran pin. Era un pequeño pin redondito, verde y azul, con rayas negras. Pero no era un pin del montón, sino que era un pin muy especial: ¡era capaz de hablar! Pinueve estaba orgulloso de su trabajo, patrocinar a su empresa de números. A cada pin le tocaba un número. A nuestro pequeño le tocó el número 9, de ahí su nombre. Él creía que su número le daba suerte ya que, cuando cambiaba de una camisa a otra, siempre le tocaba una persona maja y amable.
Pero un buen día, en el que Pinueve se había levantado temprano para cambiar de camisa, le tocó una persona diferente. Era una persona de unos 40 años, de mediana estatura, espalda encorvada y muy desagradable: era sucio, maleducado, con malos hábitos (emborracharse, fumar…), impertinente, cabezón y desagradable. Este hombre, llamado Ambrosini Maladini Gochón, estaba acostumbrado a escupir sus camisas y a mancharlas de todo tipo de sustancias malolientes.
Pinueve se pasaba el día llorando desolado pensando en por qué le había pasado esto. El pobre estaba sucio de alcohol, escupitajos, tabaco… Tras meses y meses de maltrato, Ambrosini se dio cuenta de que su pin estaba llorando y descubrió que podía hablar. Pinueve le explicó su triste historia y su mala experiencia con él. Ambrosini se sentía fatal y por eso le hizo una gran promesa a nuestro amiguito: iba a cambiar su forma de vida para convertirse en la mejor persona del mundo.
Pinueve decidió ayudarle a cambiar. Le explicó que debía ducharse al menos una vez al día, lavarse los dientes después de cada comida, le ayudó a buscar trabajo y a pagar sus deudas. También le dijo que fumar y beber es malo y que debía comportarse mejor y respetar más a las personas.
Gracias a los consejos de Pinueve, Ambrosini Maladini Gochón se hizo una gran persona y se cambió su feo nombre por el gran nombre de: Wilfred, la gocha buena.
Y vivieron felices y comieron perdices.
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