lunes, 2 de diciembre de 2013

HANSEL y GRETEL por Carmen García
Ilustrado por Silvia Ríos



E n las profundidades de alguno de los numerosos, densos y oscuros bosques alemanes habitaban los hermanos Hansel y Gretel, jóvenes que a tan temprana edad se dedicaban a un oficio de alto riesgo: la caza de brujas.
A menudo los pueblerinos acudían a estos hermanos cuando se veían amenazados por esas malvadas hechiceras. Los chicos fácilmente acababan con ellas, pues ambos estaban dotados de una gran fuerza, flexibilidad y astucia.
Una mañana lluviosa, Hansel y Gretel estaban entrenando enfrente de su casa, cuando la hermana divisó a una mujer corriendo desesperadamente hacia ellos, los hermanos preocupados acudieron a preguntarle qué le sucedía. La mujer, disgustada, les contó a los jóvenes que una horrible anciana había raptado a sus hijos, Hansel y Gretel ya habían oído a varias personas comentar sobre una vieja mujer que habitaba por los bosques y cogía a los niños. Parecía una nueva misión para los cazadores de brujas, así que decididos, los hermanos se adentraron a las profundidades del bosque con el objetivo de encontrar a esa anciana y a los niños.
      Tras una larga caminata los hermanos se disponían a tomarse un descanso cuando, a partir de unos enormes cipreses, vieron colgados unos extraños muñecos formados por delgadas ramas pegadas unas con otras. Algo les decía que estaban cerca del territorio de la bruja. La atmósfera era lúgubre, por lo tanto los chicos no se detuvieron en el lugar y siguieron con su deber. A los pocos minutos observaron que salía humo de detrás de unos árboles ¡seguramente era la chimenea de la casa de la bruja! Sin más miramientos Hansel y Gretel fueron rápidamente hasta el lugar de donde provenía el humo.
      Ya estaban muy cerca pero se sorprendieron al ver una casa un tanto singular, era de ¿caramelo?, sin duda esta era una de las más extrañas misiones en las que se habían encontrado. Oyeron un ruido chirriante, rápidamente fueron a esconderse detrás de unos árboles. Lo que vieron después seguramente les podría haber transformado en piedra, aquella mujer era la bruja más horrible con la que alguna vez se habían encontrado. Era muy alta, podría medir dos metros, de una complexión extremadamente delgada, parecía un cadáver andante, con sus largos y huesudos brazos de los que colgaban en los extremos unas manos tan huesudas que el relieve de sus venas azules se podía apreciar y con unas largas y negras uñas. Su cara era un caso aparte, su cabeza era larga, no tenía cejas. Sus ojos, encajados y azules que congelaban con su mirada, como todas las brujas tenia una larga nariz y sus labios formaban una línea fina. Por último, de su testa colgaban unos largos y tiesos cabellos grises que daban aspecto de no muy estar limpios.
      Hansel y su hermana debían admitir que estaban algo atemorizados por esa mujer, si es que se le podía llamar así. Rápidamente comenzaron a maquinar algún plan para atrapar a la bruja, pero antes tenían que asegurarse de que los niños estaban vivos. Vieron que la bruja se adentró en el bosque, eso les dio una oportunidad para correr hacia la extraña casa de caramelo, por suerte la casa estaba abierta. Entraron y cerraron la puerta, había una gran diferencia entre el exterior y el interior de la cabaña, por dentro era sucia y olía que apestaba, los hermanos supusieron que lo de la casa de dulces era un cebo para atrapar a los niños. Se dispusieron a explorar y buscar a los niños y descubrieron que gran parte de la casa estaba ocupada por un enorme horno de hierro, los jóvenes se temieron lo peor. Al instante escucharon murmullos y llantos, ¡tenían que ser los niños! Descubrieron que había una trampilla ya que los sonidos provenían del suelo, en efecto los pobres niños estaban ahí. La muy bruja los había amordazado y cebado a comida, Hansel cogió su navaja y procedió a cortarles las cuerdas, al mismo tiempo Gretel hacía guardia con su arco en la entrada de la pequeña casa. Parecía que todo había funcionado a la perfección, sólo faltaba una cosa: vengarse de la bruja.
      Los niños salieron de la casa y comenzaron a gritar para llamar la atención de la hechicera. La divisaron entre los árboles, se estaba acercando. Ahora era el turno de los cazadores de brujas. Hansel se abalanzó hacia ella pero la bruja, rápidamente, lo esquivó provocando que el chico se golpeara contra el suelo, pero Gretel, con velocidad, le lanzó una flecha a la bruja a sus espaldas. Parecía que habían acabado con ella, aunque tras sus años de cazadores habían descubierto que sólo una cosa acababa con las brujas: el fuego, así que la amordazaron tal y como había hecho ella con los niños y la metieron en el enorme horno. Al ser un monstruo, provocó que toda la casa se incendiara en un fuego de color negro. La misión había finalizado con éxito.
      Todo se había destruido y Hansel, Gretel y los niños fueron al pueblo llenos de felicidad por su victoria. Otra vez los hermanos habían hecho su trabajo victoriosamente.


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