Había una vez siete monstruos que vivían en una pequeña casita de madera en las profundidades del bosque. Cada monstruo era distinto el uno del otro, pero todos tenían dos grandes ojos negros y unos cuernos parecidos a los de las cabras. El primero y el segundo poseían un pelaje abundante y negro, parecido al de un oso, unos dientes afilados, eran altos y rellenos. El tercero, por el contrario, era muy bajo, y carecía de pelaje. El cuarto y el quinto tenían ciertas similitudes, como que eran delgados, bajos, con un pelaje marrón y unos pies enormes. El sexto con un pelaje gris, unas garras muy largas, era el mas alto esbelto de todos y, por último, el séptimo, muy bajo y delgado, con un pelaje rojo, poseía unas grandes y puntiagudas garras.
Un día salieron al bosque en busca de comida y se encontraron con una cabaña que nunca antes habían visto allí. La observaron detenidamente desde lejos, y reconocieron al dueño de la cabaña, ya que cuando tenían pocos años siempre pretendía comérselos; era el lobo, con un pelaje marrón, una larga cola, unas orejas en punta y un gran hocico. Los monstruos pensaron que podrían vengarse de él siendo ellos los que intentaran comérselo, así pues se dirigieron hacia la puerta y picaron. El lobo antes de decidirse a abrir preguntó que quién se atrevía a molestarle y ellos contestaron:
Un día salieron al bosque en busca de comida y se encontraron con una cabaña que nunca antes habían visto allí. La observaron detenidamente desde lejos, y reconocieron al dueño de la cabaña, ya que cuando tenían pocos años siempre pretendía comérselos; era el lobo, con un pelaje marrón, una larga cola, unas orejas en punta y un gran hocico. Los monstruos pensaron que podrían vengarse de él siendo ellos los que intentaran comérselo, así pues se dirigieron hacia la puerta y picaron. El lobo antes de decidirse a abrir preguntó que quién se atrevía a molestarle y ellos contestaron:
-Somos unos antiguos amigos, venimos desde tierras muy lejanas.

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