jueves, 12 de diciembre de 2013

LOS TRES PRIMOS por Pablo Hevia
Ilustrado por Gianni Sánchez



É rase una vez, tres chicos, que además de muy amigos, eran primos.
Todo el tiempo que podían lo pasaban juntos, compartían gustos, juegos, meriendas, travesuras y ¡hasta castigos!
Sólo había una gran diferencia entre ellos, el trabajo.
Uno, el más pequeño, era muy trabajador, responsable y previsor. Otro, el mediano, era trabajador pero un poco descuidado y poco constante. Y el tercero, el mayor, era un auténtico desastre, ¡vago, vago!
      Los años pasaron y, ya adultos, seguían manteniendo su amistad, pero ahora sólo se veían muy de tarde en tarde; eso sí, esas reuniones eran de lo más divertidas pues cada uno de ellos contaba cómo le iban las cosas.
      El pequeño, vivía muy estresado, tenía un puesto de mucha responsabilidad en una multinacional, estaba divorciado, era padre de tres niños y vivía en un adosado a las afueras de la ciudad.
      El mediano, que era un gran electricista, estaba casado y tenía una niña, vivía en un piso pequeño y trabajaba por cuenta propia, a veces mucho, a veces poco.
      El mayor, vivía desde hacía muchos años en una comuna, en compañía de su novia y no tenia hijos. Hacia bolsos y pulseras de cuero que vendía por los mercadillos de la comarca.
      Sus conversaciones ahora eran casi siempre iguales: div>
      - ¡Hola!, ¿Cómo estáis? Solo tengo una hora para comer, algo ligero, tengo una reunión importante y después recojo a los niños para ir al club, además hoy me dejó colgado el BMW.
      - ¿Qué tal? Perdonar el retraso, es que fui a ver si cobraba un trabajo que me deben, tengo que comprar un lavavajillas y quiero cambiar la furgoneta.
      - ¿Qué pasa troncos? ¡Vaya día más guapo! ¡Por la tarde me piro a la playa! ¿Para cuándo una fiesta? ¿Quién se apunta?
      Los tres siguen siendo muy distintos, pero los tres tienen en sus vidas un “lobo feroz”; para el pequeño, el tiempo; para el mediano, el dinero y para el mayor, el trabajo.
      Como amigos del alma que eran, deciden ayudarse y para ello se intercambian por un tiempo sus vidas:
      El más pequeño se iría a la comuna, el mediano a la multinacional y el mayor a instalar electricidad.
      De esta experiencia, todos aprendieron algo: El pequeño, aprendió que el tiempo también es oro, ahora puede pasear con tranquilidad y disfrutar de la compañía de amigos y familia; el mediano que el dinero no lo es todo, puede permitirse comprar una no, dos furgonetas, pero no tiene tiempo de llevar a su hija al cole, y el mayor que el trabajo también puede ser divertido porque, con lo que le gusta a él hablar, conoce gente nueva


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