sábado, 21 de diciembre de 2013

ALICIA EN LA CIUDAD PERDIDA por Pablo Estepa
Ilustrado por …


A licia era una niña a la que le gustaba el riesgo y la aventura, por eso, todos los del pueblo le hacían bullying. Le gustaban los libros del “Indiano Jones”. Un día, estaba leyendo uno de éstos en el bosque a las afueras del pueblo, cuando vio pasar a un oso vestido muy elegante.
Ella le siguió hasta las raíces de un árbol que conectaban con un túnel. Alicia entró por él y llegó a una ciudad llena de osos parlantes y dominada por cartas de póker gigantes que hablaban y que habían cobrado vida por culpa del científico loco del pueblo. La reina de picas, al ver el extraño aspecto de Alicia mandó apresarla.
      Ya en palacio, le hicieron un interrogatorio y ella respondió a todas las preguntas: - ¿Por qué eran capaces de hablar?-. Por estas respuestas, la reina entró en cólera y ordenó que le cortaran la cabeza a Alicia. Su cabeza, posteriormente, la utilizaron para decorar en la plaza de la ciudad.

viernes, 20 de diciembre de 2013

LOS TRES RATONCITOS por Daniel de Fátima
Ilustrado por …



É rase una vez tres ratones que vivían en una casa abandonada. El padre y la madre se habían ido un día a buscar comida pero no volvieron jamás, por lo tanto, los tres hermanos ratones vivían solos en esa casa llena de peligros.
Un día como otro cualquiera, despertaron y se dieron cuenta de que no les quedaba comida para sobrevivir, ya que ninguno de los tres se atrevía a salir fuera a buscar comida. Decidieron salir los tres juntos sin separarse y siempre pegados a la pared. Así seria más difícil verlos y, por lo tanto, correrían menos peligro.
      Una vez fuera de la casa, vieron un hermoso paisaje que nunca antes habían visto. El menor de los tres hermanos, vio a su derecha una basura y los tres fueron a ver si había algo y… ¡tuvieron suerte! Había más de media manzana, un trozo de queso roquefort y un plátano a medias pero, cuando se lo estaban llevando a casa vieron a lo lejos dos puntitos blancos perseguidos de un punto mayor a lo lejos. Ellos fueron a dejar la comida en su guarida y salieron a ver qué era eso que corría y se dieron cuenta de que eran ¡SU PADRE Y SU MADRE! pero ¡VENIAN PERSEGUIDOS DEL GATO MÁS FIERO DE LOS ALREDEDORES! Los tres hermanos echaron a correr hacia ellos para intentar salvarlos pero, el hermano mas mayor de los tres, pensó en tenderle una trampa al gato, cosa en la que los otros dos hermanos estuvieron de acuerdo.
      Se pusieron en un árbol con uno hilo enrollado que habían encontrado en la basura, el padre y la madre se acercaron corriendo hacia el árbol con el gato pisándoles los talones y, justo cuando pasó el gato por encima del hilo, los tres hermanos sacaron la máxima fuerza posible y tiraron de la cuerda. Automáticamente el gato se quedó enganchado con una pata en el hilo y no pudo correr más. Engancharon la parte de arriba del hilo a la copa del árbol y el gato se quedó medio colgando de una pata.
      Los tres hermanitos bajaron corriendo del árbol y se fueron a abrazar a sus padres. Los tres al unísono les dijeron a sus padres que les daban por muertos, pero ellos les contaron que se habían perdido y se quedaron a vivir en otro sitio. Los tres se volvieron a su verdadera casa muy felices y comieron perdices.

jueves, 19 de diciembre de 2013

EL CARACOL Y LA GACELA por Abel Suárez
Ilustrado por Yaiza Verao



E n una pradera tejana
no muy cercana
había un caracol y
una gacela africana.

¿Echamos una carrera?
-Dijo el caracol a la gacela-
¿Apostamos algo? -dijo ella-
-¿Qué tal una estrella?
-Me parece bien si es bella.

Dispuestos a competir,
al circuito deben de ir.
Quien quiera ganar
el primero al cielo ha de llegar
y la estrella más bella ha de encontrar.

Una vez la carrera empezada
la gacela salió bien encaminada.

A mitad de la carrera
la gacela confiada
se paró a descansar,
y el caracol entusiasmado
se dispuso a adelantar.

Cuando éste llego al cielo,
su bella estrella fue a buscar
fue encontrarla y cogerla
para la carrera ganar.
*  
La gacela resignada
a un bar se fue a llorar.

¿Qué quieres? -dijo el camero-
-¿Acaso un zumo de pomelo?
-No, estoy muy enfadada,
mejor dame limonada.
-¿Por qué? Mujer de poca fe,
¿No quieres un café?
-Como al caracol no he vencido,
mejor dame un batido.
-Sólo podía ganar uno,
¿Fijo que no quieres un zumo?
-No quiero otra cosa,
sólo me apetece gaseosa.
*
Esta historia tiene moraleja,
deja los batidos y toma más cerveza.

LOS TRES PONIS por Yaiza Verao
Ilustrado por …


É rase una vez una pequeña aldea, llamada Españita, en la que vivían tres ponis trillizos con su madre: Pepito, Clodovesia y Rafael. Cuando cumplieron la mayoría de edad, se marcharon a Franciota en busca de trabajo. Así que cogieron un barco y zarparon en busca de un nuevo futuro.
Cuando llegaron, se fue cada uno por su lado, llevando móvil por si ocurría cualquier cosa. Pepito empezó creando una casa de chocolate, pero el olor atrajo a una piraña voladora, y se la comió. Como ésta tenia mucho hambre, persiguió al poni, que intento llamar desesperadamente a alguno de sus hermanos. Pero se le olvidaba una cosa… No tenía dedos. Así que, como no pudo telefonear, el pez se lo comió, y fue a por Clodovesia, a la que podía ver de lejos. Estaba cavando un profundo hoyo, que probablemente ni ella sabía para qué. Al ver al asesino de su trillizo, salió corriendo, pero se dio cuenta de que estaba despeinada, así que paro a peinarse, y la piraña aprovecho para comérsela. Ahora sólo quedaba Rafael. Él observaba todo desde un árbol, así que, como fue el único listo, se fue corriendo a Españita. Mejor la crisis a que le coma una piraña.

EL GIGANTE SOLIDARIO por Carlos Cuesta
Ilustrado por …


E ra día de Nochebuena, hacía mucho frío, las calles de la ciudad estaban iluminadas por guirnaldas de colores y los árboles estaban adornados por grandes bolas. Había mucha gente paseando, los niños patinaban sobre la nieve, otros hacían muñecos, se tiraban bolas de hielo y reían y reían. Todos estaban bien abrigados, contentos porque en un rato se juntaría toda la familia para cenar un gran manjar alrededor de una bonita chimenea y luego cantarían villancicos todos unidos.
      Muy cerca de ellos, en una esquina de la calle había un padre, una madre y sus dos hijos. Estaban a la intemperie, helados, casi sin ropa, con los playeros rotos, muertos de hambre y tapados por unos cartones que esa noche tan especial sería su techo. Pedían ayuda, algo para comer, ropa para no pasar tanto frío... pero casi nadie los veía ni oía. Los niños lloraban, no tendrían ni un pequeño regalo estas navidades, ni un trozo de pan para llevar a la boca.
      Poco a poco fueron quedándose solos en la calle, cada vez más tristes y de repente algo muy, muy grande e iluminado se acercó a ellos. Era un gigante que venía a ofrecerles su casa, su comida y sus mantas. La familia no se lo podía creer, pensaron que era un bonito sueño, pero no era así, era real. El gigante abrió sus manos, ellos se subieron en ellas y así fueron hacia su casa. Como él era muy grande, y necesitaba comer mucho para llenar su estómago, esa noche comió un poco menos y repartió sus manjares de Nochebuena con ellos. Todos se lo pasaron genial, cantaron, bailaron y contaron cuentos alrededor del calor de la chimenea. Había caramelos, chocolate... y también un calcetín de regalo con una sorpresa dentro. El gigante les dijo a sus nuevos amigos que era su regalo de navidad y que no lo abriera hasta el día siguiente. La habitación del gigante tenía una cama enorme, hecha a su medida. Era tan generoso que se la dejó a sus pequeños amigos y como todavía sobraba un poquito, él se durmió a los pies de su enorme cama.
      Al día siguiente no querían despertarse, tenían miedo de que todo fuera un sueño, pero era real y comprendieron que en el mundo hay gente buena, que nunca hay que perder la esperanza ni la ilusión por conseguir lo que se quiere. Al despertarse el gigante no estaba allí. Abrieron el calcetín y en él encontraron la llave de su nueva casa que era su regalo de Navidad.
      Fue la mejor Nochebuena de sus vidas.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

LOS TRES NEGRITOS por Jorge Álvarez
Ilustrado por Rocío Díaz


E sta historia, sucedida en África, trata de unos niños llamados Jonilú, Bagoura y Dongou. Eran huérfanos y pobres, por lo tanto vivían por sí solos y huían, como podían, de los militares que querían apresarlos para la guerra.
Un día, cogieron a Dongou y lo raptaron con el fin de que atraer a los demás, como ocurrió. Llegaron allí y los apresaron, pero se escaparon y se fueron a vivir a un lugar llamado Oasis donde construyeron las casas para vivir. Jonilú la hizo con el barro que encontró cerca del agua. Bangoura la hizo de madera y Dongou la hizo de madera con barro.
      Cierto día, un militar llegó a Oasis y resultó ser de aquellos que les habían secuestrado. Iba con una metralleta de la que sólo había usado hasta ese momento diez balas, así que empezó a disparar a la casa de Jonilú, que tuvo mucha suerte ya que, en ese momento, no estaba en casa. Luego fue a la de Bangoura y disparó y disparó hasta que a Bangoura mató. Cuando llegó a la de Dongou el cargador estaba acabado.
      Al final, los únicos vivos fueron Dongou y Jonulú.

TRES CERDITOS Y MEDIO por Rocío Díaz
Ilustrado por Jorge Álvarez



É rase una vez tres hermanos cerditos que vivían juntos en una misma casa. El cerdito Mike era el mayor de los tres, Han el mediano y Hop el pequeño. Éstos tenían un buen amigo, que era el lobo. Pero los más amigos eran Mike y el lobo.
En el cumple de Mike, todos organizaron una fiesta con globos y tarta, pero Mike no quería invitar a sus hermanos, sólo a su amigo el lobo. El lobo estaba de acuerdo en hacer la celebración a solas con Mike así que idearon un plan para deshacerse de Han y Hop. El lobo sugirió crear un líquido con veneno y pusieron en marcha su plan; el lobo fue por el bosque a buscar frutas venenosas mientras que los tres cerditos hacían los supuestos preparativos.
      Comenzaba la fiesta y el plan que estaba en marcha. El lobo llenó los vasos de los dos cerditos del líquido venenoso y éste surtió efecto. Al cabo de hora y media Han y Hop cayeron desplomados en medio de la casa. Mike sintió lástima por sus dos hermanos, pero la maldad le podía. No conforme con esto, le echó un poco del líquido a su amigo el lobo en su vaso y, éste, al igual que lo otros cayó desplomado en el suelo junto a los dos cerditos.
      Cuando pasaron los días, Mike se empezó a sentir solo sin sus hermanos ni su amigo, así que fue a una casa de madera donde había pócimas curativas y se las llevó a los cerditos y al lobo. Estos despertaron y se dieron cuenta de lo que había pasado. Estuvieron enfadados unos días, pero al final, consiguieron perdonar a Mike y organizaron otra fiesta.


martes, 17 de diciembre de 2013

BLANCANIEVES por Alba Alonso
Ilustrado por Pablo Valles



É Érase una vez una joven con mucha personalidad. Ésta Blancanieves no llevaba su largo vestido amarillo, sino una falda muy larga y negra, con una chaqueta larga negra mas unas botas que parecían ladrillos. Ésta vez se había dejado el pelo largo y con alguna que otra mecha de color rojizo. Los enanitos, llevaban una gabardina que les tapaba todo el cuerpo menos la cabeza, ésta iba tapada con un gorro de lana de color marrón.
      Blancanieves y los enanitos, tenían una gran amistad. Blancanieves los crió desde pequeños y les había cogido mucho aprecio
      El Sábado de noche, los enanitos y Blancanieves habían quedado en el bosque del pueblo para hacer ‘’botellón’’, como cada semana. Cuándo ya estaban allí, un campesino que pasaba por el bosque se percató de lo que hacían y llamó a la policía. Gruñón, que se dio cuenta de que se acercaban los policías, avisó a los demás y empezaron a correr hacia el pueblo, donde se encontraba el castillo de Blancanieves. No se dieron cuenta y en un abrir y cerrar de ojos cayeron en el lago quese hallaba cercano al castillo, donde no podían alcanzarles los policías. 

      Finalmente se quedaron allí hasta que los policías dieron el caso por perdido y, cuando éstos se marcharon, salieron y acudieron al castillo de Blancanieves. Allí les dieron ropa nueva y sopa para que no pillaran un resfriado pero, aun así, alguno que otro se acatarró.

PINUEVE por Miguel Fernández
Ilustrado por …


É rase una vez un vagabundo que no podía ni comer, ni dormir y que ni tan siquiera tenía un amigo. Nadie querría meterse su piel.
Un día, mientras él dormía, un señor cabreado tiró un muñeco y dijo que jamás lo quería volver a ver más. Cuando el vagabundo se despertó y vio al muñeco, se sorprendió. Era tarde ya, el vagabundo estaba a punto de recoger cuando, de repente, unos niños le dijeron que el muñeco que tenía era un Pin y, como era el noveno que se veía, decidió llamarlo Pinueve.
      Al vagabundo le hubiera gustado mucho que Pinueve cobrara vida. Un día, uno de los magos más famosos del mundo, se puso actuar delante de él y el vagabundo aprovechó para decirle que si podía hacer que Pinueve cobrara vida. El mago lo intento y lo consiguió. Pinueve cobró vida pero sólo decía palabrotas y palabras groseras. Eso podía explicar por qué el señor que lo tiró estaba tan enfadado.
      Tras pasar varias personas, de las que Pinueve había hecho comentarios feos, el vagabundo pensó que tenía que tirar al muñeco pero se le ocurrió la idea de hacer que el muñeco, en vez de insultarlos, tirara piropos. Busco al mago de antes e hizo que Pinueve, en vez de insultar, hiciera lo contrario.
      Desde ese día, el vagabundo empezó a ganar mucho más dinero gracias a la ayuda de Pinueve, ya que sus piropos provocaban que la gente dejara dinero. Si al principio no tenía ni donde dormir, ni que comer, ni un amigo, ahora ya tiene, gracias al dinero, comida , un lugar donde dormir mejor y un amigo llamado Pinueve.

domingo, 15 de diciembre de 2013

BELLA Y BESTIA por Lucía López
Ilustrado por …


B ella es una adolescente que vivía a las afueras de Madrid. Le gustaba mucho salir con sus amigas e ir de compras. Un sábado, salió y conoció a quien todos llamaban "Bestia", un chico de unos 25 años que se dedicaba a salir con chicas mucho más pequeñas que él. A Bella siempre le habían fascinado los chicos mayores y guapos, por lo tanto, empiezó a sentir algo por él.
      A Bestia no tardó en llegarle esa información y decidió conquistarla, lo cual no resultó muy útil, pues Bella ya sabía cómo era Bestia, pero él se encaprichó. Pasaron unos meses y seguía queriendo salir con la jovencita. Un día, cuando quedó toda la pandilla Bella y Bestia se quedaron solos. Bestia forzó a Bella para que fuese a vivir con él a su casa de la montaña. Allí pasó muchos años secuestrada, sin saber nada de su familia y amigos.
      Sin embargo, se iba dando cuenta, poco a poco, de que Bestia era muy buena persona y empezó a enamorarse de él. Cuando Bella cumplió la mayoría de edad, llamó a sus padres contándoles que estaba en un sitio mejor. Días más tarde, Bella y Bestia se casaron. Por fin Bella comprendió que las apariencias engañan y que no se podía creer todo lo que decía la gente.

LA TORTUGA Y LA LIEBRE por Sonia Hevia
Ilustrado por Daniel García


L a carrera iba a comenzar. La tortuga estaba muy segura de que ganaría, ya que llevaba unas ruedas que le propulsarían a la meta antes que a nadie. Por otra parte, la liebre estaba muy preocupada, conocía a la tortuga y no era de fiar. Quedaba poco para que sonara el silbato, así que se pusieron detrás de la línea e intentaron concentrarse.
La tortuga, a los 2 o 3 segundos de oír el silbato le dio al botón que ponía en marcha sus nuevas ruedas. Salió disparada, pero se puso a pensar que no era justo, que hacer trampa estaba mal y que, al final, le acabarían pillando, así que se quito las ruedas lo más rápido que pudo y empezó a correr. De repente, pasó por su lado corriendo a toda velocidad la liebre que, por naturaleza, siempre sería más rápida que ella. Pasaron 3 minutos y, aunque la tortuga estaba todavía a mitad de camino, la liebre ya había ganado la carrera. Extrañamente, la tortuga sonrío y pensó que había hecho lo correcto. No había ganado, pero se sintió satisfecho consigo misma.

BLANCANIEVES Y LOS 9 PINGÜINOS por Paula González
Ilustrado por Irene González


B lancanieves era una niña blanca como la nieve, ella no tenía madre porque había muerto en una guerra y su padre era el que cuidaba de ella pero, se había casado con una mujer muy horrorosa y muy fría que tenía envidia de Blancanieves. La mujer tenía un reloj en el que se reflejaba y preguntaba:- ¿Quién es la chica más hermosa?- Y cuando el reflejo siempre decía que Blancanieves, ella se enfurecía y sentía rabia y envidia hacia su hijastra.
      - Así, un día, cuando el padre de Blancanieves tuvo que emprender un viaje, aprovechó para intentar matar a Blancanieves, pero ésta, como se había enterado de los planes de la madrastra, se escapó hasta el polo, donde 9 pingüinos la acogieron y la protegieron.
      La malvada, al enterarse de dónde se encontraba, se disfrazó de oso polar para intentar matarla, pero los 9 pingüinos se dieron cuenta y le dijeron a Blancanieves que no saliera de su iglú. Cuando su madrastra fue allí, y no la encontró, pensó que estaba muerta, por lo que sacó su reloj y volvió a preguntar:- ¿Quién es la chica más hermosa? - Éste le dijo que Blancanieves y la madrastra se extrañó, porque pensaba que estaba muerta y, ya cansada de buscar y por vieja, esta señora acabó muriendo.
      Cuando los pingüinos fueron a buscar a Blancanieves, éstos la encontraron tirada en el suelo como si estuviera muerta, entonces llamaron al chico más guapo que conocían en este lugar para que la despertara dándole un beso. Al día siguiente se lo dio, pero no despertó. Todos, extrañados, echaron a llorar pero, a los cinco minutos, Blancanieves despertó. Dio las gracias a los pingüinos y se llevó al chico a su ciudad y allí fueron felices y vivieron sin ningún problema más.

sábado, 14 de diciembre de 2013

EL HUSO MÁGICO por Marta Menéndez
Ilustrado por Jorge González



E n un reino muy lejano, nació la pequeña Rosa, hija de los reyes. Sus padres, conmocionados por su nacimiento celebraron una gran fiesta, a la que invitaron a todo el reino, incluidos los duendecillos mágicos del bosque, para que éstos, con sus poderes, obsequiaran con un regalo a la pequeña y la cuidaran y protegieran siempre. Pero sin querer, olvidaron invitar a la duendecilla más mala y rencorosa de todas que, llena de rabia, maldijo a la pequeña con su muerte al besar a un chico del que se enamoraría cuando cumpliese los 15 años. El último duendecillo que aún no le había dado su regalo dijo:
      - No puedo deshacer el maleficio, pero si suavizarlo.
      Con lo que anunció que la niña caería en un profundo sueño hasta que se pinchase con el huso de un hilar mágico, escondido en un lugar secreto. Desde ese mismo momento, comenzó la búsqueda del objeto mágico, sin resultado.
      El día del decimoquinto cumpleaños de la joven, ésta salió a buscar flores para adornar la fiesta que daría por la noche cuando un chico, con la melena al viento y subido en un hermoso caballo, pasó galopando a su lado y le tiró al suelo. Los dos chicos se miraron y, entre ellos, saltó la chispa del amor. Mientras paseaban por el bosque la chica pensaba en el maleficio y en las veces que su padre le había avisado, pero el chico era tan guapo, y sus labios tan apetecibles que pensó, “bueno, no será tan difícil encontrar ese huso mágico, dormiré unos días y luego me despertarán.” Y, sin pensarlo más, beso al joven, que le devolvió el beso apasionadamente. Al instante los labios de Rosa se separaron de los de él, y ella se desplomó en el suelo, sumida en un profundo sueño. El chico, decidido a salvar a su amada, recorrió todo el reino en busca del huso. Un día, un hada salió de una flor y le ofreció un trato.
      - Oye chico, yo sé dónde puedes conseguir lo que buscas.
      - ¿Ah, sí? ¿Dónde?
      - Tranquilo. Primero haremos un trato. Tú me consigues una cita con el duendecillo más apuesto y poderoso de todos y yo te diré dónde se esconde.
      El joven corrió a buscar al duende que aceptó la oferta con tal de salvar a su querida Rosa.
      - Muy bien, yo siempre cumplo mis promesas, aquí tienes el huso mágico. Sólo podrás pinchar a una sola persona con él, luego su magia se desvanecerá, así que ándate con cuidado.
      En el camino al castillo, el joven se encontró con cientos de secuaces de la duendecilla malvada que intentaron pincharse con el huso para quitarle su magia, pero él los esquivo a todos. Cuando por fin llegó, Rosa estaba en la cama, parecía tan buena mientras dormía que se le pasó por la cabeza dejarla así para que no le diera guerra, pero se lo pensó dos veces y la pinchó con el huso. La chica abrió los ojos lentamente y al ver al chico, sus ojos se pusieron como platos.
      - ¿Qué haces en mi habitación mientras duermo? ¡Descarado!. ¡Te odio, y no te quiero volver a ver en mi vida!
      El joven, sin dar crédito a lo que oía, se alejó pensando, “pues sí que tenía que haberla dejado durmiendo. Ahora tengo el corazón partido.” Y llorando, se fue hacia su casa.



OPERACIÓN JAMÓN por Daniel Campo
Ilustrado por Paula Fernández



E sta es la historia de un lobo que soñaba con probar un jamón Ibérico de los buenos pero, con la crisis se vio obligado a secuestrar los cerdos que se comía.
Primero asaltó un camión de cerdos vietnamitas, pero no tenían buen sabor.
      Luego, por la noche, intento robar los jamones en el Alimerka pero... ¡No había Ibéricos, eran todos de cebo! - ¡NOOOOOOOOOOO! - Exclamo el lobo, y tanto gritó y gritó que al guardia despertó y una paliza se llevó.
      Finalmente el lobo, hambriento, desesperado y con moratones hasta en la cola, decidió robar los cerdos de la granja de donde sacaban un buen jamón de pata negra. El lobo de infiltro en la granja pero, cuando se disponía a raptar uno de esos enormes cerdos, el lobo se cayó en la pocilga y uno de esos cerdos se sentó en cima suyo. Para cuando el cerdo se levantó, habían pasado tres largas horas y, cuando el lobo salió de la pocilga, decidió que ya estaba harto de jamón para toda su vida lobuna y se hizo vegetariano.
      Nunca volvió a acercarse a menos de cien metros de nada que tuviera que ver con cerdos, ni con ninguna parte de su cuerpo.


viernes, 13 de diciembre de 2013

CAPEUCITA MODERNA por Lucía Morán García
Ilustrado por Sara Fernández



H ubo una vez una niña adorable, que todos conocemos, llamada Caperucita Roja. Esa niña tan mona ha cambiado. Ahora, es una adolescente engreída, y con problemas propios de la edad. Es alcohólica y trata mal a su madre. Caperucita sigue yendo a casa de su abuelita todos los domingos, pero no con las mismas intenciones que antes. Sigue llevando una cestita, pero no contiene las mismas cosas. Y hoy es el día en el que va a llevar a cabo su plan. Su madre le ha puesto de muy mal humor, y ha decidido que hoy es el día. Por fin va a conseguir lo que lleva tramando tanto tiempo.
      Su deseo de asesinar a la pesada abuela y en la cesta, no lleva comida, lleva un cuchillo. Felizmente borracha por el bosque de camino a casa de la abuela con intención de matarla, se encuentra con el feroz lobo. Sorprendentemente, éste no intenta comérsela, sino que tiene pensado ser su cómplice en el asesinato.
      Cuando fue por primera vez a una discoteca, unos paparazzis le empezaron a sacar fotos y Mari, asombrada, posó ante las cámaras. Gracias a eso, Mari Pérez fue al programa de Ana Rosa a contar su nueva vida de millonaria y, hoy en día, Mari tiene una enorme mansión en Dubai, es esposa de un gran cirujano plástico y se la conoce por haber ayudado a muchas personas que están en la misma situación por la que había pasado ella.
      Al llegar a la humilde chabola, vieron a la ingenua viejecita, tranquilamente, cosiendo un gorro de lana para Caperucita. Bajo los efectos del alcohol, ella sigue sintiendo, y cae al suelo de rodillas del dolor que le causa el pensamiento de querer hacer daño a su abuela. Pero siente que el mundo se le viene encima, y con las últimas fuerzas que le quedan antes de romperse a llorar, clava el cuchillo en el pecho de la abuelita, que muere con una sonrisa en la boca, feliz de que la última imagen que ha visto sea la de su pequeña nieta. .
      Años después, Caperucita, al dejar el alcohol, se dio cuenta de la atrocidad que había cometido, y sintió unas ganas irremediables de sanar su conciencia y poder explicarle a su abuelita que ella nunca deseó hacer eso, que fue por culpa de la bebida, y que la quiere con locura.
      Lo primero que hizo fue contárselo todo a su madre, y lo último que hizo fue alzar el mismo cuchillo con el que asesinó a su abuela, aun con los restos de su sangre seca en el filo, sobre sí misma. Se lo clavó en el pecho y murió con la misma sonrisa que su abuela, pensando que ahora iban a juntarse por fin en el cielo.
      El lobo no pudo contener la culpa de haber dejado morir a dos personas, y se autoinculpó de cometer un sinfín de asesinatos para que le condenaran a pena de muerte.
      La madre no supo cómo vivir sin la abuela y sin su hija, y en un intento desesperado por encontrar sus dos cuerpos en el bosque, fue devorada por los lobos.


LA RATITA MARI PÉREZ por Paula Fernández
Ilustrado por Paula González


P Esta historia ocurrió en el centro de Madrid. Una ratita de clase baja se dedicaba a limpiar casas de millonarios ya que no tiene familia porque sus padres la abandonaron cuando tenía tres meses en una cloacas por lo tanto no tenia ningún tipo de ayuda para sobrevivir y entonces Mari Pérez nunca pudo estudiar en una escuela decente.
      Una vez, caminando por la acera, se encontró una moneda de un euro y decidió comprar un cupón de lotería. Al día siguiente, se enteró de que su cupón había sido premiado por cien millones de euros, su rostro se llenó de lágrimas por la emoción.
      Cuando fue por primera vez a una discoteca, unos paparazzis le empezaron a sacar fotos y Mari, asombrada, posó ante las cámaras. Gracias a eso, Mari Pérez fue al programa de Ana Rosa a contar su nueva vida de millonaria y, hoy en día, Mari tiene una enorme mansión en Dubai, es esposa de un gran cirujano plástico y se la conoce por haber ayudado a muchas personas que están en la misma situación por la que había pasado ella.

EL PATITO por Alex Merelles
Ilustrado por Sara Cuesta


H an pasado muchos años y el pequeño “Pousit” ha cambiado.
“Pousit” era un pato cualquiera hasta que, por culpa del disparo de un cazador, Pousit acabó en manos del científico más loco hasta entonces, ese científico se llamaba Francesco Antonello y residía en Italia, en un pueblo cerca de Milán. Francesco se dedicaba a mezclar animales de distintas especies e hizo de Pousit el animal más peligroso de toda la humanidad.
      Pousit, entonces, tenía todo su cuerpo recubierto del mejor acero hasta entonces conocido y, debajo de cada ala, tenía un subfusíl que mataría a cualquier persona que se entrometiera en su camino. Además, tenía unas garras impresionantes.
      Pousit llegó a matar a casi toda Italia y por eso Francesco hizo otro animal para destruir el monstruo que había creado. Este nuevo ser, se parecía mucho a un tiburón y, con un solo mordisco, aniquiló a Pousit. Lo triste de toda esta historia es que el pequeño Pousit, murió en el lugar exacto donde el cazador le había pegado ese maldito tiro.

FALDITA ROJA por Candela Manjón
Ilustrado por Gloria Gutiérrez


É rase una vez, una niña a la que todos llamaban Faldita Roja. Le ponían ese nombre porque siempre llevaba una falda roja de volantes que le había hecho su abuelita. Faldita, vivía en Madrid con sus padres, y su abuelita vivía al otro lado de la ciudad. Faldita, todos los domingos, visitaba a su abuela enferma y le llevaba pasteles. Y este no era un domingo diferente, así que la niña cogió su mochila, metió los pasteles y se puso de camino a casa de su abuelita. De camino, un joven hombre paró a Faldita y le preguntó:
      -¿A dónde vas tan sola Faldita?
      -A buscar la parada de metro más cercana para ir a ver a mi abuelita.
      -¿Y porque no vas caminando? En menos de 15 minutos si giras a la izquierda al final de esta calle, llegaras allí.
      -¡Oh, muchas gracias señor!
      Faldita con el dinero que se ahorro del metro, aprovechó para comprarle un ramo de flores a su abuelita, después caminó y caminó y la casa de su abuelita no aparecía… Mientras, el hombre cogió el metro y en 5 minutos se plantó delante del portal de la anciana. Subió las escaleras, pico a la puerta y se coló en casa de la abuela. Mientras tanto, Faldita parecía desesperar en el intento de encontrar la casa de su abuela pero, finalmente, después de una hora, empezó a caminar por calles ya conocidas y, a los diez minutos, ya estaba allí, en el portal de su abuela. Subió y pico a la puerta, le abrió la que parecía su abuela, solo que su abuela no solía maquillarse y aquel día iba especialmente pintada con colores rojos, azules, morados, verdes… Faldita, que no era una niña desconfiada, pensó que su abuela estaría en alguna etapa de la vejez en la que le apetecía pintarse así que no le dijo nada…La abuela, volvió a la cama, y Faldita se sentó junto a ella:
      -Abuelita, ¿te has comprado un móvil nuevo?
      -Si niña, el otro estaba estropeado. Es para llamarte mejor.- la abuela parecía tener aquel día la voz algo más grave de lo normal, pero Faldita no le dijo nada.
      -¿Y esas gafas abuela, son nuevas? Nunca te las había visto...
      -No Faldita, me las regaló tu abuelo, son para verte mejor.
      -¿Y todo ese pelo abue…?
      -¡¡¡AYUDA!!!-esa parecía la voz real de su abuela.
      Faldita se dio cuenta de que aquella no era su abuela, era ¡aquel hombre, el que le había dicho que fuera andando! La niña se asustó, pero recordó el cinturón verde que llevaba cada martes y jueves y decidió usarlo. Así que con una sencilla llave de judo bloqueó a aquel hombre que acabó pidiendo compasión. Después sacó a su amordazada abuelita del armario, llamó a la policía y merendaron pasteles.

jueves, 12 de diciembre de 2013

EL BELLO DURMIENTE por Daniela Maudo
Ilustrado por Raquel Martínez



H Hace muchos años había un bello país gobernado por unos reyes muy queridos por su pueblo. Todos eran felices, menos los reyes, a los que les faltaba algo que deseaban de todo corazón: ¡Tener un hijo! Pero, por fin, los reyes tuvieron el niño varón que tanto deseaban.
Para celebrar el bautizo los soberanos hicieron una gran fiesta, pero olvidaron invitar al hermano menor del rey. Sin embargo él se presentó en medio de la ceremonia y, disimulando su enfado, se acercó al niño y le dijo: - tendrás todo lo que te han concedido tus hados padrinos pero, cuando cumplas dieciséis años, te clavaras con una flecha y entonces desprenderás un mal olor que hará que nadie pueda estar cerca de ti. Luego, desapareció dejando a los reyes muy tristes, pero uno de los hados padrinos, se acercó a consolar a los reyes: -No puedo deshacer todo el hechizo, pero puedo modificarlo; si una joven amable se apiada de él y a pesar de su olor, lo abraza, el hechizo se romperá.
      Pasó el tiempo, el niño creció y se convirtió en un joven amable, inteligente y muy apuesto y hermoso, con ojos verdes esmeralda, piel de canela, pelo rizado y negro como el carbón. Creció con todo el amor de sus padres y súbditos, pero al día siguiente de sus dieciséis cumpleaños, subió a lo más alto de la torre, para ver su hermoso reino desde allí. En un rincón, se encontró con un anciano que tenía en la mano un arco y una flecha. El joven, que jamás había visto un arco y una flecha, pues sus padres habían mandado destruir todos los arcos y flechas del reino cuando él nació, se acercó curioso. El anciano (que no era otro que el hermano del rey disfrazado) le enseñó con gran entusiasmo el manejo del arco y la flecha pero, cuando el joven trato de disparar la flecha por el mismo, ésta se volvió hacia contra él por arte de magia y se le clavó en su hombro. De repente, el mago desapareció y el príncipe empezó a desprender un malísimo olor.
      Desde entonces, nadie podía acercarse a él, ni siquiera sus padres podían resistir el mal olor que desprendía su propio hijo. Él se encerró en lo más alto de la torre y vivió solitario durante mucho tiempo. Una criada le llevaba la comida, dejándola a diez metros de la puerta. Un día, ésta enfermó y fue remplazada por una joven criada que, desde muy pequeña, era huérfana. Estuvo dos años llevando la comida al joven sin haberlo visto nunca. Un día, por casualidad, el joven príncipe se asomó a la puerta justo cuando la chica le iba a poner la comida. El chico se asustó y, avergonzado, se metió para dentro. Esto mismo ocurrió otra vez más y, a la tercera vez, apiadándose de él, se acercó para darle un fuerte abrazo, pero el tufo era tan tremendo, que antes de poder hacerlo cayó fulminada a los pies del chico. El joven, al ver que la única persona que había tenido compasión de él, había muerto a sus pies, horrorizado, cogió carrerilla, abrió la ventana de la torre y se tiró por ella.


LA BELLA Y LA BESTIA por Sara Balán
Ilustrado por Laura Martínez



É rase una vez, una bella misteriosa que vivía en un pueblo llamado Axelion; esta chica vivía en una casa sola. Solamente salía de vez en cuando de noche y por eso se dejaba ver poco. Tenía mala fama porque algunas noches, las noches de luna llena, se escuchaban ruidos extraños procedentes de su extraña casa, hasta que un día se encontró un cadáver sin sangre corriéndole por las venas.
      El pueblo, sin dudarlo un segundo, la acusó de aquel suceso y, con antorchas en las manos, fueron a echarla del pueblo. Ella mató a algunos de los guardias y, entre maldiciones, escapó del pueblo corriendo entre las sombras del bosque, jurando volver para vengarse.
      Era invierno y nevaba mucho, entonces necesitaba encontrar un lugar para refugiarse. Después de mucho buscar, la noche más fría, encontró una mansión aparentemente abandonada con estatuas en el jardín con expresiones tétricas. Sin dudarlo entró en la mansión, se puso a inspeccionarla y llegó a una sala llena de telarañas, cortinas de seda y estatuas haciendo sombras tenebrosas en la pared. En el centro de la sala, cerca de la ventana, había un corazón humano que, sorprendentemente, seguía bombeando, lo que indicaba que estaba vivo. A Bella de dio hambre y fue a cogerlo. De pronto, una figura enorme cubierta de escamas con una boca acorde a su tamaño y unos afilados dientes, pero con un atuendo elegante, la sorprendió. Con una voz ronca y escalofriante le dijo que se marchase pero, para su sorpresa, ella no se asustó, lo que le hizo darse cuenta de que ella era aquella a quien esperaba y le dijo: "Sabría que vendrías, te estaba esperando", cogió su corazón y se lo tendió, pero ella le dijo: "No puedo aceptarlo" entonces Bestia le respondió: "Si no lo aceptas, morirás" y ella le dijo: "Ya lo sé. Es el destino". Comérselo era su única forma de sobrevivir. Así, ella se marchitó poco a poco y su vida se extinguió en los brazos de él.

CAPERUCITA ROSA por Abel Roiz
Ilustrado por Alex Merelles



E n un pueblo de montaña, había una vez una chica. Casi nadie sabía su nombre, pero todos la llamaban Caperucita rosa porque siempre iba vestida con una capucha rosa. Un día su madre le mandó que fuera a llevarle polvorones a su abuela porque era Navidad, y ella cogió su capucha rosa y salió de casa con la cesta de polvorones un poco asustada porque, para llegar a la casa de su abuela, había que cruzar El Bosque. Este no era un bosque cualquiera ya que todo el que entraba en él no volvía a aparecer por el pueblo. Se decía que en su interior había un lobo que secuestraba a todas las personas que entraban en él y que podía transformarse en cualquier cosa.
      Cuando Caperucita se adentró en El Bosque, empezó a escuchar unos sonidos extraños y empezó a correr. De pronto, le pareció ver una luz al fondo entre los árboles y siguió corriendo hacia ella, pero por mucho que avanzaba la luz no se acercaba. Tras horas intentando salir de El Bosque se encontró un lobo que avanzó hacia ella con intención de comérsela. Ella, asustada, intentó retroceder, y al hacerlo se le cayó la cesta que llevaba. El lobo saltó hacia ella, y Caperucita cerró los ojos, pero, tras unos segundos sin sentir nada, los abrió y vio que el lobo estaba comiéndose los polvorones. Este la miró a los ojos y un extraño brillo rojo apareció en ellos. Segundos después el animal echó a correr con la cesta de polvorones y una voz sonó en la cabeza de la niña: < Esta vez has tenido suerte, pero sólo porque me gustan los dulces> dijo la voz. . Caperucita siguió andando sin rumbo y, al poco tiempo, apareció la salida de El Bosque ante ella. Cuando llegó a la casa de su abuela ésta le dijo que no pasaba nada por lo de la cesta porque lo único que ella quería era ver a su nieta. Una vez dicho esto se miraron a los ojos con cariño, y Caperucita creyó ver, por un segundo, en los ojos de su abuela un extraño brillo rojizo... 


ALICIA EN EL EDIFICIO DE LAS PESADILLAS por Gloria Gutierrez
Ilustrado por Covadonga Álvarez


E n la ciudad de la pequeña (o no tan pequeña) Alicia, se celebraba la Feria de Agosto. En aquella feria, los habitantes de la ciudad iban, junto a sus amigos o familiares, a montar en las atracciones o a jugar.
La prima pequeña de Alicia llevaba toda la tarde llorando. Como a todo niño pequeño, los ruidos fuertes y la música le molesta. Como la pequeña no se tranquilizaba, a Alicia se le ocurrió la idea de ir al puesto de peluches para intentar conseguir uno y tener a su prima entretenida.
      Alicia fue allí y, cuando fue a mirar uno de los pequeños conejos de juguete, vio que uno de ellos movía la mano derecha y, posteriormente, salía de la gran caja corriendo. Alicia, sin pensárselo dos veces, le siguió.
      El conejo le empujó a un ascensor en el interior de una pequeña y vieja casa de madera y descendió varios pisos. Cuando la puerta se abrió apareció una habitación con dos galletas. Alicia, sin pensárselo dos veces, al ver la buena pinta de las galletas decidió probarlas. Al tomar la segunda sintió un cosquilleo y vio que su cuerpo se ensanchaba. Intentado salir de aquella situación se tomó la primera, que le hizo adelgazar, y quedarse en un peso excesivamente pequeño. ”El aspecto se pasará”, pensó.
      De repente una puerta se abrió, y vio un gato con una gran sonrisa, que desaparecía y aparecía continuamente. El gato la agarró y le hizo correr hasta una enorme sala donde había una reina sentada sobre un sofá.
      La reina le retó a una partida de parchís. Le dijo que si ella ganaba, saldría de ese mundo y, si perdía, se quedaría. Alicia aceptó. Las fichas se elevaron y comenzaron a volar dados. Por suerte Alicia recordó el ascensor y su camino, así que esquivó las fichas y recorrió todos los pasillos hasta llegar ascensor. Las puertas se cerraron, y tras dar en varios botones consiguió llegar a la casa de madera.

LA GOCHA CON BOTAS por Pelayo García
Ilustrado por Lucía Morán



É rase una vez, un campesino que vivía en un reino muy lejano y que, al ver cercana la hora de su muerte, decide repartir su herencia entre sus 3 hijos.
      Al más mayor le entrega todas sus tierras,al mediano le entrega el molino y al pequeño le entrega una gocha fofa que pertenecía a la familia y a la que le quedaba muy poco de vida. El pequeño pensaba que era el más desafortunado de los tres y estaba muy triste hasta que la gocha le empezó a hablar y le dijo que le podía ayudar a alcanzar mucha fama, pero le tenía que dar unas botas y un sombrero.
      El chico, pensando que no tenia nada que perder, se lo dio y la gocha que, agradecida a pesar de su sobrepeso, salió corriendo a palacio.Al llegar a la corte fue a hablar con el rey y le dijo que su amo era un gran artista con renombre en todo el reino asi que el rey le mandó que se lo trajera ante él y le hiciera una muestra de su habilidad como pintor.

      La gocha fue corriendo a por su amo y se lo llevó ante él y, tras hacerle una demostración de sus habilidades, el rey se quedó asombrado de su destreza para pintar y decidió nombrarlo pintor de palacio. A partir de ahí, empezó a ganar fama en todo el reino por lo que se volvió rico. Al final de todo, la gocha no fue tan mala herencia como creía.

LA UTOPÍA DE PINEZZIO por Alejandro Segado
Ilustrado por Carlos Cuesta



D ejad que os narre una historia; una historia de dolor, una historia llena de penurias y terror; esta es la historia de Pinezzio.
Pinezzio fue creado a partir de una mezcla de la mejor madera y en parte de un alma humana. El fin de su creación no era más que el de conseguir que la humanidad pereciera arrasada por la guerra, esa absurda acción que ningún ser, además del irracional humano, podría tomar contra su propia especie.
      Cuando Pinezzio logró levantarse una mañana del mugroso suelo en el que había reposado durante la noche, salió en busca de supervivientes humanos, que tal vez, se hubieran refugiado en las proximidades. Ya habían transcurrido casi dos años tras el final de la inmunda guerra y, durante tiempo, Pinezzio había logrado recabar una gran colección de recuerdos de antes del conflicto; se podría decir que era su afición. Durante su patrulla matutina descubrió algo que se movía en la lejanía con una forma humanoide, y no tardó en ir a investigar qué era aquella pequeña forma de vida, al encontrarlo se percató de que no era un niño, como él esperaba, sino que era un muñeco casi idéntico a él, menos por su vestimenta harapienta y la falta de uno de sus brazos. Ese muñeco le explicó que no eran los únicos pobladores de la zona, existía una minúscula población de unos 20 integrantes de estos pequeños seres y algunos mutantes ciegos, que antes habían sido hombres y mujeres, que habitaban las innumerables catacumbas de la parte inferior de la ciudad. .
      Este nuevo transeúnte le contó que se llamaba "7", señalándose un número bordado en su camiseta y pantalón, y le pregunto que cómo se llamaba nuestro querido personaje. Pinezzio le habló de la corta vida que había llevado hasta haber encontrado a "7", el cuál se quedó sorprendido con su nombre, puesto que todos los residentes de su aldea son apodados basándose en los números escritos en sus vestimentas. No tardaron en hacerse buenos amigos, y finalmente como le relató "7", los humanos no habían logrado sobrevivir en ese páramo pos apocalíptico, lo cuál entristeció en gran medida a Pinezzio pero, el haber encontrado a otros supervivientes como él, le amenizaba en gran parte su vida diaria.
      Acabó trasladándose al pueblo de los demás muñecos, donde llevaría una feliz vida en sociedad con su nueva gente.