miércoles, 4 de diciembre de 2013

LA BELLA Y LA BESTIA por Aitana Fernández
Ilustrado por Eva del Arco


Isabela creció con su padre en pueblo de Alemania. Su padre era un anticuario muy famoso en toda Alemania y alrededores, su trabajo aumentó y se mudaron a una casita en el centro de Berlín, su capital, cuando Bella tenía 16 años. Pasó de estar en un pequeño instituto de apenas 200 alumnos a uno de casi 1500 alumnos y con doble horario y uniforme.
Su padre Manuel viajaba todas las estaciones del año para buscar objetos antiguos y si Bella se portaba bien, y no tenía clase, la llevaba, pero siempre iban juntos en verano. Cuando Bella acababa de cumplir los 19 años se graduó y, por sus buenas notas, el padre le quiso regalar un viaje inolvidable, al que Bella tenía muchas ganas de ir.
      Ese lugar era Italia. En el colegio, a Bella le enseñaron muchas esculturas, capillas, explicaciones y le sorprendió mucho. También había leído muchas historias italianas. Se hospedaron en el Kolve Hotel Roma. Después de pasar una semana visitando Italia, decidieron ir visitando algunos talleres antiguos para ver los objetos más preciados.
      En Venecia, un anticuario ya jubilado les habló de un joven llamado Rubén Vittorino X, al que todos llamaban Rubén. Según el señor, Rubén, de 21 años, vivía con su hermano porque toda su aristócrata familia falleció por una maldición familiar (según la maldición, todo el emparentado con el apellido Vittorino fallecería antes de los 50 años si no se casaba por amor en vez de por fortuna), y ahora vive sólo en la mansión de Valero Vittorino VIII, su bisabuelo, en la quinta llanura del valle de la Toscana.
      Como sólo había trescientos cincuenta kilómetros hasta allí, decidieron ir. Antes de irse, el anticuario les dijo que tuvieran paciencia con Rubén porque había sufrido mucho y se había vuelto muy borde y antipático desde que parte de su familia falleció y había descubierto su futuro si no lo remediaba.
      Al día siguiente ya estaban en la Toscana y después de saber de la gran fortuna que heredó de sus antepasados, el padre de Bella estaba impaciente por conocerle. Al llegar a la mansión picaron y nadie abrió hasta que, cuando estaban a punto de irse, les abrieron. Era un joven moreno y alto, al que Bella le pareció muy guapo. En un principio fue muy agradable ,se presentó, teniendo una gran empatía con Bella, y les habló de su hermano y del ama de llaves María , su cuidadora desde que nació. Pero al preguntarle sobre las reliquias de sus antepasados se enfadó (al igual que Bella) y les echó de la mansión, pero como ya era tarde, estaba lloviendo y no tenían un hotel pagado, María les dejó dormir en la casa de los empleados donde les hablo más a fondo de Rubén, que de pequeño era un niño maravilloso pero que, cuando sus padres fallecieron, su personalidad cambió, convirtiéndose, en ocasiones, en un ser malcriado y con el carácter de una bestia.
      A la mañana siguiente, cuando ya se le había pasado el enfado, desayunaron todos juntos, y Rubén decidió enseñarles sus reliquias. Después de eso, Manuel bajó a la Toscana a por los equipajes, ya que les invitaron a quedarse allí unos días, mientras Rubén le enseñó a Bella su gran biblioteca, con ejemplares de libros únicos. Bella quedó sorprendida y Rubén encantado. Se fueron conociendo y se fueron gustando, a la vez que su padre, Manuel, hacía muy buenos negocios. Después de que pasaran dos semanas, Manuel le dijo a su hija Bella que en breves tendrían que irse de nuevo a la ciudad y Bella le suplicó que no se fueran todavía y Rubén también, pero el padre lo negó completamente.
      Bella se lo tomó muy mal y se escapó al bosque y, después de dos horas sin aparecer por la mansión, a Rubén le empezó a salir otra vez el carácter de bestia y malcriado, rompiendo todo lo que tenía en mano.
      Ahí fue donde María le hizo ver a Manuel que Rubén estaba enamorado de Bella y que, desde que ella estaba aquí, no le había vuelto a suceder ese cambio tan espontáneo de carácter y que si se quedaban y Bella sentía lo mismo por él, se podría romper la maldición. Manuel lo entendió y comprendió el enfado de su hija. Después de que Rubén se calmara, fueron a buscarla en lo profundo del bosque comenzando, desgraciadamente, por el lado contrario al que venía de vuelta Bella. En el río del bosque vieron flotar una goma de Bella y, sabiendo que en esta época era la caza de los lobos, la dieron por muerta. Sin embargo, al llegar a la mansión de vuelta, la vieron y se alegraron muchísimo. Finalmente el padre se fue, prometiéndoles que volvería pronto, y Bella y Rubén se quedaron en la mansión rompiendo para siempre la maldición de la familia Vittorino.
      Finalmente el padre se fue, prometiéndoles que volvería pronto, y Bella y Rubén se quedaron en la mansión rompiendo para siempre la maldición de la familia Vittorino.


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