H ubo una vez una niña adorable, que todos conocemos, llamada Caperucita Roja. Esa niña tan mona ha cambiado. Ahora, es una adolescente engreída, y con problemas propios de la edad. Es alcohólica y trata mal a su madre. Caperucita sigue yendo a casa de su abuelita todos los domingos, pero no con las mismas intenciones que antes. Sigue llevando una cestita, pero no contiene las mismas cosas. Y hoy es el día en el que va a llevar a cabo su plan. Su madre le ha puesto de muy mal humor, y ha decidido que hoy es el día. Por fin va a conseguir lo que lleva tramando tanto tiempo.
Su deseo de asesinar a la pesada abuela y en la cesta, no lleva comida, lleva un cuchillo. Felizmente borracha por el bosque de camino a casa de la abuela con intención de matarla, se encuentra con el feroz lobo. Sorprendentemente, éste no intenta comérsela, sino que tiene pensado ser su cómplice en el asesinato.
Cuando fue por primera vez a una discoteca, unos paparazzis le empezaron a sacar fotos y Mari, asombrada, posó ante las cámaras. Gracias a eso, Mari Pérez fue al programa de Ana Rosa a contar su nueva vida de millonaria y, hoy en día, Mari tiene una enorme mansión en Dubai, es esposa de un gran cirujano plástico y se la conoce por haber ayudado a muchas personas que están en la misma situación por la que había pasado ella.
Al llegar a la humilde chabola, vieron a la ingenua viejecita, tranquilamente, cosiendo un gorro de lana para Caperucita. Bajo los efectos del alcohol, ella sigue sintiendo, y cae al suelo de rodillas del dolor que le causa el pensamiento de querer hacer daño a su abuela. Pero siente que el mundo se le viene encima, y con las últimas fuerzas que le quedan antes de romperse a llorar, clava el cuchillo en el pecho de la abuelita, que muere con una sonrisa en la boca, feliz de que la última imagen que ha visto sea la de su pequeña nieta.
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Años después, Caperucita, al dejar el alcohol, se dio cuenta de la atrocidad que había cometido, y sintió unas ganas irremediables de sanar su conciencia y poder explicarle a su abuelita que ella nunca deseó hacer eso, que fue por culpa de la bebida, y que la quiere con locura.
Lo primero que hizo fue contárselo todo a su madre, y lo último que hizo fue alzar el mismo cuchillo con el que asesinó a su abuela, aun con los restos de su sangre seca en el filo, sobre sí misma. Se lo clavó en el pecho y murió con la misma sonrisa que su abuela, pensando que ahora iban a juntarse por fin en el cielo.
El lobo no pudo contener la culpa de haber dejado morir a dos personas, y se autoinculpó de cometer un sinfín de asesinatos para que le condenaran a pena de muerte.



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