jueves, 5 de diciembre de 2013

LA BRUJA, HANSEL Y GRETTEL por Marta Suárez
Ilustrado por Aitana Fernández



Y o era una bruja de renombre y gran prestigio, y ¿dónde me encuentro ahora? ¡Perdida!, sí, perdida en un húmedo y asqueroso bosque, lleno de insectos que se pasean por tu cuerpo y ropa como si fueran por su propia casa, eso y todo lo demás que implica estar en un bosque. El cómo llegué aquí no importa pero sí el cómo salir, y os preguntareis que por qué no salgo volando con mi escoba o hago un hechizo para volver a casa, pues bien listillos, primero ¡Las brujas no tenemos escoba!, y segundo ¡Para hacer un hechizo es necesario tener tu libro de hechizos!, sí, lo de la barita, las verrugas y el caldero… todo estereotipos; y dado que ninguna de las dos opciones es posible, llevo aquí ya más de dos días y estoy empezando a pensar seriamente en el suicidio como no salga pronto de aquí.
      Tras horas de caminar perdida sin rumbo fijo, por fin he encontrado una casa y, por raro que parezca, está hecha de dulces, sí, como habéis oído, dulces, y bueno digamos que la tentación era demasiada y acabe comiéndome una ventana entera. Piqué dos veces con la esperanza de que alguien habitara esta dulce casa. Dos niños me abrieron la puerta con una cálida sonrisa en la cara, yo diría que son hermanos por el gran parecido, pelo marrón oscuro sobre una bella e inmaculada piel blanca, y unos ojos negros como el regaliz que cubría la puerta, sus nombres, Hansel y Gretel.
      Día tras día me daban de comer deliciosas golosinas, y me cuidaban, pero algo en sus rostros iba cambiando con el paso de los días, algo oscuro se dejaba entrever entre tanta amabilidad, pero lo dejé pasar pensando que era un acto de mi imaginación. Ya ha pasado una semana, y digamos que he subido de peso pues, alrededor de…¡Doce kilos!, sí, ya sé que parece mucho pero es que no podía hacerles un feo a esos angelitos y no aceptar su comida. Ya es la hora de la cena y Hansel me ha dicho que prepare el horno, ya estaba todo listo, y cuando iba a cerrar la tapa, alguien me empujó dentro, cuando mire al responsable, allí me encontré con los dos hermanos, sin duda, me había equivocado. No eran dos ángeles, si no dos asquerosos demonios, sus ojos brillaban rojos como las lamas que me consumían, yo moriría, sí, pero como la bruja que soy, mi espíritu se dedicará a atormentarlos hasta que deseen su propia muerte, y no solo a ellos, sino a todos aquellos ingenuos que, como yo, se pierdan en este bosque, así que ya sabéis niños, no os fieis de los extraños.


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