L La noche de Navidad, una pobre niña caminaba por la nieve descalza, casi no sentía los pies. Los copos de nieve caían sobre su trenza, y no tenía nada con qué cubrirse. En sus pequeñas manos llevaba una cesta llena de cerillas que tenía que vender para volver a casa pues sabía que si volvía sin una sola moneda, su madrastra la maltrataría
En busca de alguien a quien vender cerillas, se encontró con un hombre que llevaba un vistoso traje rojo, tenía una gran barba y un saco a la espalda. La niña se acercó a él:
-Perdone señor, ¿quiere cerillas? Son a diez monedas la caja, y le vendrán bien para entrar en calor o alumbrarse.
-No, gracias pequeña. ¿Cómo es que estás vendiendo cerillas un día como hoy? ¿Es que no sabes que hoy es Navidad?
-Mi madrastra me ha obligado a venderlas, hasta entonces no podré volver a casa.
-Y dime, ¿te gustaría volver a casa? ¿O tener una familia mejor?
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-Claro, me encantaría, pero nada se puede solucionar con desearlo.
-O quizás sí. Tengo que irme, yo también trabajo en Navidad, y recuerda que a veces los regalos tienen otros ocultos.
El hombre se alejó y la niña, extrañada, siguió caminando. Poco a poco fue teniendo más y más sueño, hasta que decidió tumbarse en un banco y se quedó dormida.
-¡Despierta, ya es Navidad! ¡Corre, vamos a abrir los regalos!
-Ya voy, ya voy -mi hermano siempre me despertaba de golpe. Cuando llegamos al salón, nuestros padres ya estaban debajo del árbol.
-¡Vamos, abre éste! Algo me dice que te va a gustar. Por cierto, ¿qué tal has dormido?
-Pues bien mamá, pero he tenido un sueño muy raro. ¿Te acuerdas de aquel cuento sobre la niña y las cerillas? Pues he soñado que yo era la niña; pero bueno, da igual, que quiero abrir mis regalos.
La niña rompió el papel, y descubrió que el regalo era una preciosa cajita de música. Y dentro, había una cerilla.
Me parece muy original, un final más feliz para el cuento, ya que en el original no acaba demasiado bien. Además esta muy bien redactado y pensado.
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