sábado, 7 de diciembre de 2013

HANSEL Y GRETEL por Benyamin Álvarez
Ilustrado por Pablo Suárez



H ace mucho tiempo, en un lugar de Europa, vivía una familia: el padre, que era un leñador, una cruel madrastra y dos niños, Hansel y Gretel, vivían en una casa que estaba en ruinas en medio de un espeso bosque. Vivían sin comida debido a que eran pobres y a la peste negra que impedía que se pudieran acercar al reino para buscar trabajo. Como ya no les alcanzaba para poder comer los cuatro, debieron buscar una solución.

      Una noche, creyendo que los niños estaban dormidos, la cruel madrastra dijo al leñador:
      -No hay bastante comida para todos: mañana llevarás a los niños a la parte más espesa del bosque y los dejaremos allí. Ellos no podrán encontrar el camino a casa y el bosque se encargara de ellos, además así nos desprenderemos de esa carga. Al principio, el padre se opuso rotundamente a tener en cuenta la cruel idea de la malvada mujer.
      -¿Cómo vamos a abandonar a mis hijos a la suerte de Dios?, quizás sean atacados por los animales del bosque -gritó enfadado.
      -De cualquier manera, así moriremos todos de hambre -dijo la madrastra. Mañana me los llevaré yo misma y, entonces, sí que no regresaran. Tú decides. O los dejas tú o yo. El hombre decidió llevarlos él y dejarlos cerca de un camino.
      Mientras tanto, los niños, que en realidad no estaban dormidos, escucharon toda la conversación. Gretel lloraba amargamente, pero Hansel la consolaba.
      Mientras tanto, los niños, que en realidad no estaban dormidos, escucharon toda la conversación. Gretel lloraba amargamente, pero Hansel la consolaba.
      -No llores, querida hermanita- decía él-, yo tengo una idea para encontrar el camino de regreso a casa.
      A la mañana siguiente, cuando salieron para el bosque, Hansel busco por toda la casa hasta que encontró en pedazo de pan. El dominado y débil padre los acompaño adentrándose en el bosque. Cuando penetraron en la espesura, los niños se quedaron atrás, y mientras Hansel, fue haciendo migas de su pedazo de pan y las fue dejando caer con disimulo para tener señales que les permitieran luego regresar a casa. El padre los llevó muy adentro del bosque y les dijo:
      -Quedaros aquí hasta que vengamos a buscarlos.
      Hansel y Gretel hicieron lo que sus padres habían ordenado, pues creían que cambiarían de opinión y volverían a por ellos. Pero cuando se acercaba la noche y los niños vieron que su padre no aparecía, trataron de encontrar el camino de regreso. Desgraciadamente, los pájaros y ardillas se habían comido las migas que marcaban el camino. Toda la noche anduvieron por el bosque con mucho miedo, observando las miradas, observando el brillo de los ojos de las fieras, y, a cada paso, se perdían más en aquella espesura.
      Al amanecer, casi muertos de miedo por la niebla del mar y por el hambre, los niños vieron un pájaro negro que volaba frente a ellos y pensaron que era una señal de la muerte. Asustados corrieron en dirección contraria. Huyendo del vuelo de aquel pájaro encontraron una casita construida con gominolas, dulces, bombones y otras cosas muy sabrosas.
      Los niños, con un apetito terrible, corrieron hasta la casita, pero antes de que pudieran dar un mordisco a los riquísimos dulces, una mujer que resultó ser una bruja muy hermosa con una voz muy tranquilizadora les dijo que entraran a comer algo.
      La casa estaba hecha para atraer a los niños y cuando estos se encontraban en su poder, la bella bruja los capturaba y los tenía como esclavos o los cocinaba para comérselos. Como Hansel estaba muy delgadito, la bruja lo encerró en una jaula y allí lo alimentaba con ricos y sustanciosos manjares para engordarlo. Mientras tanto, Gretel tenía que hacer los trabajos más pesados y sólo tenía cáscaras de cangrejos para comer
      Un día, la bruja decidió que Hansel estaba ya listo para ser comido y ordenó a Gretel que preparara una enorme cacerola de agua para guisar la mejor cena que la niña iba a comer en su vida.
      -Primero -dijo la bruja-, vamos a ver el horno, que lo encendí hace un rato para hacer pan. Entra tú primero, Gretel, y fíjate si está bien caliente como para hornear. En realidad la bruja pensaba cerrar la puerta del horno una vez que Gretel estuviera dentro para cocinarla a ella también. Pero Gretel hizo como que no entendía lo que la bruja decía.
      -Yo no sé. ¿Cómo entro? -preguntó Gretel.
      -Tonta- dijo la bruja,- mira cómo se hace -y la bruja metió la cabeza dentro del horno. Rápidamente Gretel cerró la puerta golpeándola en la cabeza y dejándola desorientada en el suelo.
      Gretel puso en libertad a Hansel los dos niños huyeron del bosque hasta llegar a un camino en el cual encontraron un grupo de soldados que perseguían brujas y, al ver a estos nobles caballeros, les suplicaron ayuda. Los caballeros les avisaron de que engañarlos por la recompensa de un cofre de oro era traición y les preguntaron -Ahora decirme ¿de verdad a veis visto a esa mujer? si es mentira no os daremos nada. Los niños les indicaron el camino a la casa de la bruja la cual seguía intentando averiguar qué había pasado con los niños.
      Los caballeros, al ver la casa, sacaron las espadas, lanzas, ballestas y prepararon las antorchas para reducir la casa a cenizas. Rodearon el lugar escondiéndose entre los arbustos a la espera de saber si la bruja se encontraba dentro de la casa, tras las ventanas.
      Hansel, al ver que los caballeros no atacaban, corrió a la casa y vio a la bruja enfadada conjurando un hechizo. Para evitar que lo terminara, se lanzó sobre ella gritando –¡Está aquí. Está dentro!-. Los caballeros corrieron hacia el interior de la casa y arrestaron a la bruja metiéndola en su propia jaula y llevándola a la ciudad para su juicio y castigo por brujería.
      Los caballeros llevaron a los niños a la ciudad y una vez allí les preguntaron si querían volver a casa o formar parte de la Orden de caballeros contra las brujas. Tras pensarlo mucho decidieron ir a casa.
      Allí le dijeron a su padre:- Estamos bien no te preocupes-y le explicaron lo sucedido. Y luego a su madrastra: - Somos caballeros y no te otorgaremos ninguno de los beneficios que tienen los caballeros. A partir de ahora, nuestros padres serán los dueños nobles estas tierras.

1 comentario: