A urora ha despertado. Ella ha madurado y ahora es una muchacha joven y extrovertida; es una persona, además, fuerte y valiente. Cuando ha abierto los ojos, se encontraba en una caseta del bosque cercana a su hogar. Se ha levantado de la cama, ha mirado al frente y se ha dirigido al frondoso conjunto de árboles.
Cerca de allí estaba la casa de un rico señor mayor que, físicamente, se encuentra mejorable. Junto con él y dos de las hadas madrinas (la tercera había fallecido de un ataque al corazón) conforman un equipo con el que colabora la mascota del hombre, un cerdo parlanchín y juguetón.
Todos ellos quedan para ir unidos al castillo pero, cuando llegan, se encuentran con un triste panorama: todas las personas que se hallaban en el castillo están dormidas por culpa de un líquido envenenado que alguien había vertido sobre una de las bebidas principales de la fiesta que estaban celebrando. Al final, toman la decisión de acostar a toda aquella gente en los dormitorios del castillo.



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